Una de las grandes virtudes que tiene la muerte es que es irremediable y, entonces, te fuerza a pensar que hay que darle para adelante. Quiero decir con esto que a veces nos enfrentamos a situaciones ingratas, inclusive dolorosas y que tienen el gran defecto de poderse solucionar o poder haber sido evitadas. A lo que apunto es que situaciones asimilables a la muerte de algo o alguien pero que no son justamente la muerte, nos llevan a imaginar que podemos solucionarlas cuando no es así. También podemos pensar en que eso que pasó podría haber sido evitado por nosotros mismos. Y son todos estériles pensamientos, ya está, se murió. Está vivo, claro, pero muerto.
Ahí es cuando la muerte saca una pequeña luz de ventaja. Cuando una persona se muere evidentemente no es un suceso alegre, pero al menos es irreversible. Y en la irreversibilidad existe un estímulo a seguir adelante. "Se murió, no lo puedo revivir, yo estoy vivo, a seguir..."
La muerte trae siempre una gran ventaja, solo detiene al que se murió.
