Volviendo a mi casa después de una larga jornada de trabajo pensé en ir a la verdulería a comprar frutas, más precisamente mandarinas y naranjas que son mi debilidad primaveral. A una cuadra de la verdulería del barrio vecino y de la cual soy habitué, veo algo
chiquitito que se mueve en el piso y que hubiera pisado si no hubiera estado tan atento a mis pasos (con el único objetivo de no pisar los cachos de
dogshit que abundan). Era un
pichoncito chiquitito, sin plumas,
amarillito, silencioso, asustado, indefenso... Me detuve un segundo a analizar las alternativas, pensé primero en dejarlo ahí y que la naturaleza hiciera su curso, pero estaba en la vereda de una calle muy transitada un día de mucho movimiento y pensé que se iba a caer bajo las ruedas de algún conductor indiferente. También pensé en
llevármelo a mi casa y adoptarlo, pero tengo gato y seguro se lo iba a querer desayunar finalizando en la muerte del ave o en madrugadas de no poder dormir por el gato llorando y haciendo las mil y una para
deglutirselo (cualquier cosa remitirse a silvestre y
piolín). Finalmente me decidí ir a la veterinaria amiga que quedaba a unas cuadras y consultarle a un especialista, así que lo levanté lo encerré entre mis palmas y me lo llevé hasta allá.
En el camino me imaginaba la reacción de la gente de la veterinaria y lo que dirían de mi... que era un héroe, que tenia un gran corazón, que ya no quedaba nadie que hiciera esas cosas, que si tendría puesta alguna vacuna contra la triquinosis, etc, etc. Supuse que además de felicitarme me tomarían una foto para colgarla bajo el título de "amante de los animales del mes" o "héroe del año" y que propondrían a las revistas del rubro que me entrevistaran y me dieran algún premio a fin de año...
Como era de esperarse cuando llegué ya había adentro un par de gente con sus perros insoportables esperando para que los vacunen y me miraban despectivamente parado con las palmas juntas como si tuviera agua y veían que las movía... claro el
pichoncito me picaba y caminaba adentro y un poco me impresionaba.
Finalmente la veterinaria me dijo "¿Si,
chancho?" "este.... encontré esto en la calle y lo traje" Abrí las manos para que viera y se le transformó el rostro, su expresión se volvió trágica y reprobadora, el cielo se puso oscuro y un trueno sonó, mientras un rayo aparecía a las espaldas de la veterinaria indignada, y me dijo:
"'¡¡¡DEBERIAS HABERLO DEJADO DONDE LO ENCONTRASTE!!! LOS PADRES DEBEN ESTAR BUSCANDOLO...
Rápido de reflejos dije "eso es lo que yo le dije a una vieja que estaba ahí y que me insistió que lo traiga...por suerte recuerdo exactamente adónde lo encontré e iré adejarlo allí" y agregué:
"Muchas gracias por su tiempo, distinguidas personas" y me fui... puteando, sin rastros del heroismo que soñé... la gloria es vana y la vida no es justa... y para colmo no me podía acordar en qué cuadra ni debajo de qué árbol había encontrado a ese pájaro de mierda...